jueves, 7 de enero de 2010

Resolviendo el misterio de Epsilon Aurigae

Hace unos meses animábamos desde Astrofísica y Física a realizar la curva de luz de Epsilon Aurigae para tratar de desentrañar su misterioso eclipse mediante el método Argelander. Pero gracias a los nuevos instrumentos ópticos actuales, estamos más cerca de resolver este enigma. En el evento anual de la Asociación Americana de Astronomía (AAS) se han presentado los últimos descubrimientos de este peculiar sistema.

Los astrónomos han anunciado un avance significativo en la resolución del misterio de Almaaz, un astro enigmático que, cada 27,1 años, pierde la mitad de su luz durante casi dos años. La estrella ha desconcertado durante casi dos siglos a los astrónomos a pesar de que es fácilmente visible a simple vista, y ha sido intensamente observada tanto por profesionales como por aficionados durante décadas.

Donald Hoard, del Caltech, describió las recientes observaciones de infrarrojos del Spitzer Space Telescope y propuso un nuevo modelo que, aparentemente, por primera vez, unifica todos los datos disponibles. Sin embargo, todavía hay muchos detalles por resolver.
Antes de que comenzara a producirse el oscureciemiento más reciente, en agosto del año pasado, los astrónomos pensaban que el sistema constaba de una estrella supergigante de tipo F, mucho más masiva que el Sol, y con un brillo extremo miles de veces superior al solar. En este escenario, cada 27,1 años, un enorme disco de polvo atravesaba casi de canto la estrella ocultando su brillo y produciendo un eclipse parcial. La mayor pregunta que se hacían los científicos era sobre la naturaleza de la estrella, o estrellas, que ocupaban el centro del disco.
Ahora, las observaciones del Spitzer, combinadas con otros datos tomados en diferentes longitudes de onda del espectro, ofrecen una nueva imagen del sistema. El Spitzer (ilustración inferior) revela de manera concuyente la existencia de un disco de polvo que posee un diámetro de 8 unidades astronómicas, tal y como se esperaba, y que se compone de partículas relativamente grandes, de un tamaño parecido a los granos de arena, y no del habitual polvo fino microscópico de estas formaciones. Las observaciones en el ultravioleta también indican la presencia de una estrella más pequeña y muy caliente, posiblemente de tipo espectral B, en el centro del disco.


Con estos datos, Donald Hoard, del Caltech, y sus colegas han propuesto un modelo que se ajusta a todas las observaciones. La parte clave es que la supergigante F es mucho menos masiva de lo que se pensaba anteriormente, y que se estaría acercando al final de su vida. Han calculado que su masa sería de unas 10 veces la masa del Sol, mientras que la masa calculada para la estrella compañera, situada en el centro del anillo, sería de 6 masas solares, y por ello, su brillo sería más tenue. Es decir, el disco oscuro no es el signo de una estrella recién nacida todavía recopilando material, sino que es de un material que la estrella B ha capturado por la gravedad, procedente del viento de la estrella primaria que está muriendo.
El disco contiene en la actualidad mucha menos masa que la equivalente a la terrestre, pero es probable que se iniciara con mucha más cantidad. Su gas y sus partículas originales de polvo microscópicas habrían sido expulsadas fuera del sistema, dejando sólo los granos más grandes detrás. El sistema mismo posee, probablemente, unos 10 millones de años de edad. Durante los próximos miles de años, la estrella F morirá, se hinchará, y la mayor parte de su masa restante formará una nebulosa planetaria.
Arne Henden, director de la Asociación Americana de Observadores de Estrellas Variables, hace hincapié en que el misterio de Almaaz aún no ha sido resuelto. "Nos estamos acercando a la mitad del eclipse, y un montón de cosas interesantes sucederán durante el próximo año. Todavía hay cosas acerca de este sistema que no entendemos ".

Más información en el enlace.

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