jueves, 22 de septiembre de 2011

UARS, el satélite suicida de la NASA

La NASA ha revelado esta madrugada que los restos del satélite UARS no caerán sobre Estados Unidos. Pero hasta dos horas antes de impacto no podrán asegurar la zona exacta de la reentrada. La NASA ha editado un vídeo simulando la reentrada del satélite.


La NASA ha reiterado que la probabilidad de que algún trozo del satélite que no se destruya en la reentrada (piezas de titanio y de acero inoxidable, sobre todo) y produzca heridas a una persona es muy baja, una entre 3.200. Aún así, ya hay quien vive con miedo la espera. Las únicas regiones que quedan excluidas son las polares: Groenlandia en el norte y la Antártida en el sur. Pero no hay que olvidar que lo más probable es que el satélite caiga sobre el océano.
Se estima que el satélite se fracturará en 150 fragmentos, 26 de los cuales (los que están fabricados con berilio, titanio y acero), podrían sobrevivir a la reentrada. Esto ocurrirá cuando UARS se encuentre a una altura comprendida entre los 45 y los 80 km. Los fragmentos supervivientes podrían quedar esparcidos en un radio de unos mil kilómetros.
Como el UARS da una vuelta a la Tierra cada hora y media, un margen de una hora en la predicción varía radicalmente la zona de caída.



Otro factor que condiciona los cálculos de caída del UARS es la superficie que el satélite expone a la resistencia de la atmósfera, es decir, su ángulo de reentrada: si va atravesado, exponiendo sus diez metros largos de longitud, la resistencia será mayor y caerá antes que si va en línea, presentando un área frontal de 4,5 metros de diámetro.
La NASA señala que, a medida que pasan las horas y se acerca el momento de la reentrada del satélite, los expertos irán refinando sus proyecciones orbitales para determinar la hora y lugar del final del UARS, que se convertirá en una estrella fugaz de seis toneladas y origen artificial.
Satélite UARS, por Thierry Legault
Cuando fue lanzado en 1991, el UARS era tecnología punta dedicada al estudio de la capa de ozono. Desde 2005, es un bloque de chatarra del tamaño de un autobús. La NASA quemó el poco combustible que le quedaba para ponerlo en una órbita de acercamiento a la Tierra. No tenía suficiente combustible para asegurar que el artefacto cayera en el punto elegido del océano Pacífico. "Cuando se lanzó el UARS, la NASA apenas tenía normativas de seguridad sobre reentrada", reconoce Kessler.

Más información en el enlace.

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