viernes, 1 de junio de 2012

James Cook y el Tránsito de Venus: La mejor razón para observar el tránsito de Venus este año es la historia

Retrato de Cook, óleo sobre tela, Nathanial Dance, 1735-1811. Crédito: Biblioteca Nacional de Australia.
Cada 120 años, aproximadamente, una mancha negra se desliza a través del Sol. Pequeña, negra como la tinta, casi perfectamente circular, no es una mancha ordinaria. No todos pueden verla, pero entre los que lo logran, algunos experimentan un sentimiento extraño, como estar de pie, con los dedos de los pies enterrados en la arena de una playa, en una isla del Pacífico Sur....

Las gaviotas aletearon ascendiendo, haciendo ruido. Los olores de la ciudad eran arrastrados desde Plymouth, atravesando la nave, desplazando a un lado el aire salado. Las velas se tensaron. El viento había cambiado y era tiempo de partir.

El 12 de agosto de 1768, el navío Endeavour de Su Majestad salió de la bahía, comandado por el Teniente James Cook, con rumbo a Tahití. La isla había sido "descubierta" por los Europeos apenas un año atrás en el Pacífico Sur, una parte de la Tierra tan pobremente explorada que los topógrafos no podían ponerse de acuerdo si existía allí un gran continente o no. Cook bien podría estar viajando a la Luna o a Marte. Tendría que navegar a través de miles de kilómetros de mar abierto, sin GPS, ni siquiera un buen reloj de pulso para contar el tiempo de navegación, solo para encontrar un pedazo de tierra de 30 kilómetros de diámetro. En el camino, peligrosas tormentas podrían (y pudieron, de hecho) materializarse sin aviso. Formas de vida desconocidas los esperaban en las aguas del océano. Cook esperaba realmente que la mitad de su tripulación pereciese.
Dibujos del tránsito de Venus de 1769 por James Cook.
 El riesgo valdría la pena, pensaba, si fuese posible observar el tránsito de Venus.



"A las 2 pm izamos velas y zarpamos llevando a bordo 94 personas", Cook anotó en su bitácora. El joven naturalista de la nave, Joseph Banks fue más romántico: "Partimos de Europa por sabrán los cielos cuánto tiempo, tal vez para siempre", escribió.

Su misión era llegar a Tahití antes de Junio de 1769, establecerse entre los nativos, y construir un observatorio astronómico. Cook y su tripulación observarían a Venus deslizarse a través de la cara del Sol, y de esta manera medirían nada menos que el tamaño del Sistema Solar. O al menos esa era la esperanza de la Real Academia de Inglaterra, que financió el proyecto.

En el Siglo 18, el tamaño del Sistema Solar era uno de los mayores rompecabezas de la ciencia, igual que hoy lo es la naturaleza de la materia oscura y la energía oscura. En los tiempos de Cook, los astrónomos sabían que había seis planetas en órbita alrededor del Sol (Urano, Neptuno y Plutón aún no habían sido descubiertos), y también conocían las distancias relativas entre dichos planetas. Júpiter, por ejemplo, está 5 veces más lejos del Sol de lo que está la Tierra. Pero ¿cuán lejos es eso... en kilómetros? Las distancias absolutas eran un misterio.

Venus era la clave. Edmund Halley se dio cuenta de esto en 1716. Vista desde la Tierra, Venus ocasionalmente cruza el disco del Sol. Parece como si un disco negro se deslizara suave y lentamente entre las verdaderas manchas solares. Si se anotasen las horas de inicio y fin del tránsito desde dos lugares separados por una gran distancia sobre la superficie Terrestre, razonó Halley, los astrónomos podrían calcular la distancia a Venus usando el principio del paralaje. La escala del resto del sistema solar sería el paso siguiente.

La vista desde Point Venus, Tahití, donde Cook y sus hombres observaron el tránsito de Venus. Óleo sobre tela, William Hodges, 1744-1797. Crédito: Biblioteca Nacional de Australia.


Pero había un problema. Los tránsitos de Venus son raros. Vienen en pares, uno primero y después de ocho años el otro, separados luego por aproximadamente 120 años. Halley mismo nunca vivió para ver uno. Un equipo internacional trató de cronometrar un tránsito de Venus en 1761, pero el clima y otros factores echaron a perder la mayoría de los datos. Si Cook y los otros fallaban en 1769, ningún astrónomo sobre la Tierra estaría vivo para la siguiente oportunidad, en 1874.

La expedición de Cook es a menudo comparada con una misión espacial. "El Endeavor no estaba solamente haciendo un viaje de descubrimientos", escribe Tony Horwitz sobre el viaje de Cook en Latitudes Azules, "era también un laboratorio para probar las últimas teorías y tecnologías, de modo similar a lo que hacen las naves espaciales hoy en día".

En particular, la tripulación del Endeavor actuaría como conejillos de indias en la lucha de la Marina contra el "azote de los mares", el escorbuto. El cuerpo humano puede almacenar solamente una ración suficiente para 6 semanas de vitamina C, y cuando se acaba, los marineros experimentan lascitud, las encías se descomponen produciendo hemorragias. Algunos navíos del siglo 18 perdieron la mitad de su tripulación debido al escorbuto. El cocinero llevaba una variedad de comidas experimentales a bordo, y alimentaba a la tripulación con cosas como chucrut (col agria) o puré de malta. Cualquiera que se rehusara a comer su ración sería flagelado. De hecho, Cook tuvo que castigar a uno de cada cinco hombres en su tripulación, el promedio para la época, de acuerdo a Horwitz.

El Endeavor es una playa australiana después de una colisión con el arrecife de la Gran Barrera. Grabado de Un Recuento de los Viajes de John Hawkesworth. Crédito: Biblioteca Nacional de Australia.
 Al llegar Cook a Tahití en 1769, había estado navegando hacia el Oeste por ocho meses -- casi tanto tiempo como les llevaría a los astronautas un viaje a Marte. Cinco tripulantes murieron cuando la nave rodeó el tormentoso Cabo de Hornos, y otro marinero desesperado se tiró por la borda durante el pasaje de casi 10 semanas por el Pacifico que siguió. Conforme se acercaba a Tahití el Endeavor era en extremo vulnerable. No había contacto con "control de misión", ni imágenes del clima vía satélite para advertirles de tormentas que se aproximaban, ni ayuda de ninguna clase. Cook navegaba usando relojes de Arena y cuerdas con nudos para medir la velocidad del barco, y un sextante y un almanaque para estimar la posición del Endeavor por medio de las estrellas. Era difícil y peligroso.

Increíblemente, arribaron casi intactos el 13 de abril de 1769, casi dos meses antes del tránsito. "En ese momento teníamos muy pocos hombres en la lista de enfermos y en general la tripulación se encontraba en buenas condiciones de salud, lo cual se debió en gran parte a la col agria", escribió Cook.

Tahití no era un lugar tan extraño para Cook como Marte nos parecería a nosotros hoy en día. No se requería un traje de astronauta para sobrevivir. Al contrario, la isla era cómoda y bien acondicionada para la vida humana; los nativos eran amigables y estaban dispuestos a negociar con los hombres de Cook. Banks la describió como "el retrato más exacto y real de una arcadia (idílica y pacífica) que la imaginación pudiese formar". Sin embargo la flora, la fauna, las costumbres y los hábitos de Tahití eran radicalmente diferentes a los de Inglaterra; la tripulación del Endeavor se encontró a sí misma sorprendida y absorta en aquél entorno.

No es ninguna sorpresa que Cook y Banks tubieran tan poco que decir acerca del tránsito cuando finalmente ocurrió el 3 de Junio de 1769. El pequeño disco de Venus, que solo podía ser visto a través de telescopios especiales traídos desde Inglaterra, no podía competir con la exótica Tahití.

La anotación de Banks en el día del tránsito consiste de 622 palabras; y menos de 100 de ellas se refieren a Venus. Como tema principal, narraba un desayuno que compartió con Tarróa, el rey de la isla, y con la hermana de Tarróa, Nuna, y más tarde durante el día, una visita de "tres bellas mujeres". De Venus, dice, "fui con mis compañeros al observatorio llevando conmigo a Tarróa, Nuna y algunos de sus sirvientes principales; les mostramos el planeta deslizándose sobre el Sol, y les hicimos entender que veníamos con el propósito de verlo. Después de esto regresaron y yo con ellos". Punto. Si el rey o el propio Banks mismo se impresionaron, Banks nunca lo mencionó.

Cook fue un poco más expresivo: "Este día resultó ser tan favorable para nuestro propósito como lo habríamos deseado; no vimos ni una sola nube, y el aire estaba perfectamente claro, de modo que tuvimos todas las ventajas que pudiésemos desear para observar el pasaje completo del Planeta Venus sobre el disco del Sol: claramente distinguimos una atmósfera o sombra nebulosa que rodeaba al Planeta, lo cual afectó enormemente los momentos de contacto, particularmente los dos internos".

La "sombra nebulosa que rodeaba al Planeta" fue un problema. La intensa luz solar filtrándose a través de la atmósfera de Venus hacía que la orilla del disco se viese borrosa, y disminuyó la precisión con la que Cook observó el tránsito. Por esta razón, sus mediciones estuvieron en desacuerdo hasta por 42 segundos con las del astrónomo de la nave, Charles Green, quien observó el tránsito al lado de Cook.

Cook y Green observaron también el "efecto del fondo negro": cuando Venus está cerca del limbo del Sol -- el momento crítico para medir el tránsito -- lo negro del espacio fuera del limbo del Sol parece introducirse y tocar al Planeta. Usted puede recrear el efecto del fondo negro con sus dedos pulgar e índice. Júntelos frente a uno de sus ojos y disminuya la distancia entre ellos. Justo antes de que se toquen, un puente sombreado aparecerá en la separación. De acuerdo a John Westfall, quien escribió para la revista Sky & Telescope en Junio del 2004, "esto es simplemente el resultado de la manera como dos gradientes luz-a-sombra borrosos se juntan. "El efecto del fondo negro, como lo borroso de la atmósfera de Venus, hacen difícil determinar cuándo comenzó o terminó el tránsito.

Esto fue también un problema para los observadores en muchos otros lugares, no sólo en Tahití. De hecho, cuando todo estuvo dicho y hecho, las observaciones del tránsito de Venus de 1769 desde 76 puntos del globo terrestre, incluyendo los de Cook, no fueron lo suficientemente precisas como para medir la escala del Sistema Solar. Los astrónomos no pudieron hacerlo sino hasta el siglo 19, cuando usaron la técnica de la fotografía para registrar el siguiente par de tránsitos.

Cook no podía gastar todo su tiempo en estos asuntos; había mucho más por explorar. Las órdenes secretas de la Marina le mandaban dejar la Isla cuando el tránsito terminase y buscar un nuevo continente o una tierra de gran extensión entre Nueva Zelandia y Tahití.

Durante gran parte del siguiente año, el Endeavor y su tripulación recorrieron el Pacífico Sur, buscando un gran continente que algunos científicos del siglo 18 mencionaban como necesario para balancear las grandes masas de Tierra del hemisferio norte. En algún punto perdieron vista de tierra por casi dos meses. Pero la terra australis incognita, la desconocida "Tierra del Sur" no existía, justo como sospechaba Cook. A lo largo del camino, Cook conoció a los feroces Maorís de Nueva Zelandia y a los aborígenes de Australia (encuentros que ambas razas lamentarían en los años siguientes), exploró miles de kilómetros de las costas Kiwi y Australiana, y casi tuvo una colisión desastrosa con el arrecife de la Gran Barrera.

Más tarde, durante una estadía de 10 semanas en Yakarta para hacer reparaciones, siete marineros murieron de malaria. El puerto estaba densamente poblado de gente y de enfermedades. Cook se marchó de allí tan pronto como le fue posible, pero el daño estaba hecho. Al final, 38 de los hombres de la tripulación original del Endeavour (y ocho que se les unieron después), perecieron, incluyendo al astrónomo Charles Green; la mayoría debido a enfermedades contraidas en Yakarta. "La tasa de mortalidad del 40% no fue considerada como extraordinaria en aquellas épocas", escribe Horwitz. "De hecho, Cook sería mas tarde condecorado por la excepcional consideración que mostró por la salud de su tripulación".

En Julio de 1771, Cook regresó a Inglaterra en el navío Deal. La tripulación sobreviviente del Endeavor había circumnavegado el globo, catalogado miles de especies de plantas, insectos y animales, encontrado nuevas (para ellos) razas de seres humanos y buscado nuevos continentes. Fue una aventura épica.

Al final, el tránsito fue solo una pequeña muestra de la aventura de Cook, opacada por Tahití y saboteada por los fondos negros. Pero gracias al viaje, Cook y Venus estarán siempre relacionados. De hecho, podría decirse que la mejor razón para obsevar el tránsito de Venus es James Cook.

Decídalo usted mismo. El 8 de junio del año 2004, Venus cruzará otra vez la cara del Sol. El evento será transmitido por Internet, por los medios masivos y será el blanco de innumerables telescopios de aficionados. En otras palabras, no se lo puede perder. Observe el pequeño disco negro. Lo puede llevar a otro tiempo y otro lugar: Tahití, 1769, cuando una gran parte de la Tierra era aún un misterio y el ojo del telescopio pertenecía a un gran explorador.

¿No siente usted la arena entre los dedos de sus pies?




Enlace original: NASA.

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