jueves, 13 de diciembre de 2012

CEA XX: ¿Por qué nos gusta mirar al cielo?



¿Por qué nos gusta mirar al cielo?

Manuel Toharia (Director Científico del Museo de las Artes y las Ciencias)




5 millones de años, en términos evolutivos, es un soplo de tiempo. La diferencia sustancial entre los homínidos es que a nosotros nos gusta mirar al cielo. Este defecto llamado curiosidad es la madre de la ciencia. También es estudio, constancia, amor a lo que se hace, pero si no hay curiosidad no hay posibilidad de aprendizaje. Si no nos preguntamos por qué las cosas son como son, no avanzamos.

Esta curiosidad es la que ha dotado al homo sapiens sapiens lo que llamamos inteligencia. Ahora somos sapiens, pero antes éramos “homo curiosus”. ¿Cómo se dio este proceso?

Sabemos que de noche hay puntitos brillantes y que de día no. Y que cuando se va el Sol hace frío. También podemos percibir el frío de la intemperie. Entonces el sapiens comienza a preguntarse por qué ocurren estos fenómenos. Y estas preguntas te llevan a otras.

Otro ejemplo son las fases de la Luna. Los hombres antiguos la veían cambiar de fase y salir y esconderse por el horizonte a diferentes horas. La primera medida de tiempo que se tuvo fue el día y la noche.



Esta curiosidad nos lleva a otras curiosidades. Probablemente la primera curiosidad fue comprender el por qué del día y la noche. Y con ello la medida del tiempo.
¿Qué podemos usar como unidad de tiempo? ¿Los latidos del corazón, las fases lunares?

Hoy sabemos que la medida del tiempo no es exacta. Un año no es exactamente 365 días. Un mes lunar no es exactamente 28 días. Pero es una medida aproximada.

Los mesopotámicos utilizaban las estrellas para medir su tiempo. Realizaban la siembra en función de la posición de las pléyades en el cielo. Probablemente en aquella época ya relacionaban el transcurrir del tiempo con las condiciones meteorológicas. De hecho en nuestro lenguaje solemos emplear palabras similares, como el tiempo, para referirnos a ambos fenómenos.

Saturno era el dios del tiempo, y padre de los titantes. Y de ahí venían los planetas. Y los vientos eran a la vez hijos de los planetas. Hesíodo hizo una cosmogonía de dioses porque no encontraba una explicación satisfactoria a los fenómenos que contemplaba en el cielo. Postulaba que los seres humanos eran juguetes de los dioses porque estos tenían poderes con los que gobernaban las fuerzas de la naturaleza.

Posteriormente los mitos dieron paso a la razón para satisfacer nuestra curiosidad sobre los fenómenos observados en la naturaleza.

Hoy en día muchos miramos al cielo por simple curiosidad, no porque tenga una utilidad. Aunque está demostrado los beneficios de invertir en ciencia.

Hoy en día tenemos tanta ciencia que es imposible saberla toda. Por ello la partimos en “cachitos” llamados asignaturas o disciplinas. Pero no debemos olvidar que todas estas ramas tienen un origen común.

El hecho de que la curiosidad siga viva quiere decir que aun hay muchas cosas que desconocemos y por ello continúa la investigación.

Todo el mundo es curioso, el problema es que la curiosidad nos la matan con las reglas que nos imponen desde pequeños. Algunos lo llaman educación y otros, lavado de cerebro. Como vivimos en colectividad, los lavados de cerebro son inevitables por las normas y reglas que hay que aprender en cada sociedad: cultura común, idiomas,…Pero en otros aspectos de la vida, como en los colegios, se destila el saber en pequeñas pildoritas en el colegio que se dan constantemente resueltas a preguntas que no tienes. Pero no te dicen por qué el cielo es azul.

Es decir, si nos contestan a preguntas que no tenemos y no nos responden a nuestras preguntas es que algo va mal. Pero es imposible satisfacer las diferentes curiosidades de cada uno. También se da el caso de que aunque algo no te interese, al estudiarlo, puedas descubrir un mundo que pueda apasionarte.

Por ello la labor de las asociaciones debe ser exaltada por su capacidad divulgativa. La divulgación nos permite encontrar respuestas que teníamos y que puede que no encontremos en otros lugares. El entusiasmo que muestran los divulgadores anima al resto de la población a aprender. Pero en la enseñanza formal, el maestro no muestra entusiasmo, realiza un trabajo, no una pasión. Fruto de estas confusiones hoy en día se sigue confundiendo astronomía y astrología.

Hay mucha gente que se cree estas cosas y luego están las películas hacen que estas tonterías se instalen en la cabeza de la población, como el fin de mundo maya.


¡Por qué miramos al cielo? Para pasarlo bien.

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