jueves, 17 de octubre de 2013

Las supernovas que jugaban al escondite

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Por Natalia Ruiz Zelmanovitch

En el universo hay muchos tipos de estrellas que, generalmente, se clasifican según su brillo y su color. Cuanto más brilla una estrella, mayor es su tamaño, y esta característica está directamente relacionada con la masa y con la longevidad de la estrella. Las más masivas consumen rápidamente todo el combustible que tienen en su interior, provocando que sus vidas no solo sean más cortas que las de estrellas de menor masa, sino ofreciéndonos además una “muerte” espectacular: cuando llegan a su final estallan como supernovas, regalándonos impresionantes espectáculos al dejar, en la mayoría de los casos, magníficos restos de su explosión con impactantes formas y colores. Dependiendo de la distancia, estos estallidos de supernova pueden durar de unos pocos meses a incluso años, y su luz puede llegar a eclipsar el brillo de la propia galaxia que la aloja.


Lo que les explicamos hoy está relacionado con la cantidad de supernovas que se espera encontrar en un determinado entorno: las galaxias con estallidos de formación estelar o “starburst”. Estas galaxias destacan porque en su interior se forman estrellas a un ritmo mucho mayor que el de galaxias normales, con violentos episodios en los que el gas se condensa a una gran velocidad,  generando ese impresionante brote de nacimiento estelar.

Dado el alto número de estrellas que nacen en este entorno, sería lógico suponer que el ritmo al que se producen explosiones de supernovas también debería ser muy alto, ya que la vida de las estrellas masivas es muy corta si la comparamos con la de otras estrellas más pequeñas. Confirmar estas elevadas tasas nos ayudaría a trazar la historia de la formación de estrellas en el sistema estelar anfitrión y a conocer cómo pudieron ser estos estallidos de formación estelar en el universo más temprano.

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