domingo, 30 de marzo de 2014

La vida en la frontera de la física

Trabajadores en el experimento CMS. El físico madrileño Ignacio Redondo, responsable de su electrónica, lo compara con una catedral gótica, culminación de los saberes de su época. / CERN


Los 2.500 trabajadores fijos del CERN reciben cada año a 11.000 científicos de cien nacionalidades que pasan desde unas pocas semanas hasta varios años investigando en el mayor laboratorio de partículas del mundo. El ambiente que se crea en unos kilómetros a la redonda de la frontera franco-suiza es estimulante, curioso y bastante friki.

“A veces, cuando lo miro, siento que estoy ante un templo del conocimiento lleno de detalles que condensa el esfuerzo de generaciones de físicos y tecnólogos; igual que las grandes catedrales góticas fueron la culminación de los saberes de su época”, reflexiona en voz alta el físico Ignacio Redondo mientras señala una inmensa mole atiborrada de piezas de hierro, cables, tuberías y tornillos de colores que se yergue ante nosotros. Es el experimento CMS, la máquina en la que trabaja cada día, a pocos minutos de su casa en la meseta del Jura.


El científico madrileño (de Aluche, para más señas), está contratado por el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT); pero vive con su pareja y su hijo de dos años en Cessy, un pequeño pueblo de la frontera franco-suiza, desde donde tarda unos cinco minutos en llegar al trabajo en el Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN). Forma parte del equipo que tiene la responsabilidad de poner a punto la electrónica del CMS para afrontar los nuevos retos que se le plantean después de haber dado caza al esquivo bosón de Higgs en 2012, junto con su compañero el superdetector ATLAS.


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