domingo, 28 de febrero de 2016

Variaciones estacionales de temperaturas en Titán

NASA/JPL-Caltech/GSFC

La secuencia de mapas que se muestra en la figura superior muestran la variación de temperaturas que se han detectado en la superficie de Titán, una luna de Saturno, en intervalos de dos años, desde el año 2004 hasta la actualidad.

Estas medidas han sido posibles gracias al  espectrómetro de infrarrojos compuesto (CIRS) a bordo de la sonda Cassini.

Los mapas muestran la radiación térmica infrarroja (calor) procedente de la superficie de Titán a una longitud de onda de 19 micras, una ventana espectral que es bastante transparente con respecto a casi todas las demás longitudes de onda.  Las temperaturas han sido promediadas sobre el globo de este a oeste para destacar los cambios estacionales en las diferentes latitudes. Las regiones negras del mapa son áreas de las que no se han podido recoger datos.

La temperatura superficial de Titán cambia lentamente a lo largo de las estaciones del sistema de Saturno, cada una de ellas con una duración de siete años y medio. Como en la Tierra, la cantidad de luz solar recibida en cada latitud cambia a medida que avanza el año de Saturno, que tiene una duración de 30 años terrestres.


NASA/JPL-Caltech/GSFC
Cuando Cassini llegó a Saturno en 2004, el hemisferio sur se encontraba a final del verano y era, por tanto, la región más cálida. Poco después del equinoccio de 2009, en el año 2010, las temperaturas eran simétricas en los hemisferios norte y sur, igual que la distribución observada por la nave Voyager 1 en 1980. Luego, las temperaturas se enfriaron en el sur y subieron en el norte, a medida que se acercaba el invierno en el sur.

Si bien la tendencia general en el cambio de temperatura es claramente evidente, las bandas estrechas que se observan en varios lugares son debidas a lo difícil que resulta tomar mediciones a través de la gruesa atmósfera de Titán, ya que las densidad de ésta añade ruido y dificulta las mediciones.

La temperatura máxima medida en Titán se sitúa alrededor de -179.6 grados Celsius, con una temperatura mínima en el polo de invierno de sólo 3,5 grados Celsius más fría. Esto es un contraste mucho más pequeño del que existe entre las temperaturas más cálidas y más frías de la Tierra, que pueden variar en más de más de 100 grados centígrados.


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