domingo, 1 de mayo de 2016

Mercurio en la Antigüedad: Historia de la observación del planeta Mercurio (parte 1)

Hermes, François Rude (Museo del Louvre).
 En este artículo dedicado al planeta Mercurio, y escrito con motivo del tránsito por delante del disco solar que observaremos el próximo 9 de mayo, vamos a repasar la historia de la observación del planeta. Para ello, vamos a dividir el post en varias partes. En la primera de ellas abordaremos la observación del pequeño planeta a simple vista por las diferentes culturas que han habitado nuestro planeta, antes de la existencia de los grandes telescopios. En la segunda parte, comentaremos las observaciones realizadas con los primeros telescopios y avanzaremos hasta la llegada de la era espacial, para finalmente, en una tercera parte, abordar los resultados de las sondas enviadas a Mercurio.

Mercurio es uno de los cinco planetas del Sistema Solar visibles a simple vista, pero dada su cercanía al Sol su observación no es siempre sencilla, siendo imposible la mayoría de los días. Su magnitud aparente varía entre -2,6 a 5,5. Las mejores oportunidades de observación desde el hemisferio norte se producen en las apariciones vespertinas de marzo-abril, y en las matutinas de septiembre-octubre. En el hemisferio sur, las apariciones idóneas vespertinas se producen en septiembre-octubre mientras que las matutinas suceden en marzo-abril. Durante sus mejores apariciones, Mercurio se divisa bastante bajo en pleno crepúsculo y durante unas tres semanas, presentando el aspecto de una estrella en tono blanco cálido. Además, durante los eclipses solares totales, el planeta también es visible.

 Al igual que la Luna y Venus, exhibe fases visibles desde la Tierra, siendo nueva en conjunción inferior y llena en conjunción superior. En ambas ocasiones la separación de Mercurio del Sol oscila entre 17,9 ° en el perihelio de 27,8 ° en el afelio. Podemos ver a Mercurio con más brillo entre las fases creciente y llena, y entre la fases llena y menguante. 

En las latitudes tropicales y subtropicales, Mercurio se ve más fácilmente que en latitudes más altas. Esto se debe a que la máxima elongación del oeste posible de Mercurio siempre ocurre cuando es otoño en el hemisferio sur, mientras que la máxima elongación del este ocurre cuando es invierno en el hemisferio norte. En ambos casos, el ángulo de Mercurio incide de manera máxima con la eclíptica, permitiendo elevarse varias horas antes que el Sol y no se pone hasta varias horas después del ocaso en los países situados en latitudes templadas del hemisferio sur, como Chile, Argentina y Nueva Zelanda. Por contraste, en las latitudes templadas del hemisferio norte, Mercurio nunca está por encima del horizonte hasta media noche.


Observaciones en la Antigüedad del planeta Mercurio

Tablas MUL.APIN
Las primeras observaciones registradas del planeta Mercurio se realizaron alrededor del siglo XIV AC y fueron recogidas en el compendio sumerio MUL.APIN, en el que se reunieron diversos aspectos astronómicos y astrológicos de dicha cultura. El nombre empleado en dichas tablas para referirse a Mercurio es Udu.Idim.Gu  ( "el planeta de salto o saltarín" ).

 Los griegos creyeron que el Mercurio que se veía al amanecer era un cuerpo diferente al Mercurio que se veía al atardecer. Por ello, al cuerpo de la mañana lo llamaron Apolo y al astro que veían al anochecer, Hermes. Fue Pitágoras el primero que propuso que se trataba realmente del mismo planeta.  Ptolomeo ya escribió acerca de la posibilidad de que Mercurio pudiera realizar tránsitos delante del disco solar, pero dedujo que no se habían podido observar porque eran fenómenos infrecuentes o demasiado pequeños como para poder ser vistos.

En los registros mayas, podemos encontrar referencias a Mercurio datadas en el 733 a.C. y en el 727 a.C. Calcularon que este cuerpo se pondría en el mismo lugar del cielo cada 2.200 días.

La cultura china también recoje referencias a este planeta. Sus observadores pensaron que el movimiento de Mercurio era regular, avanzando un grado cada día, con lo que completaba una revolución alrededor de la Tierra cada año. Siempre estaba visible en los equinocios y en los solsticios, estando el resto del año escondido tras los rayos solares. Sus apariciones marcaban las estaciones.

Sello homenaje a Azarquiel
En la astronomía islámica medieval el astrónomo andaluz Azarquiel describió en el siglo XI la órbita de Mercurio a la que dotó de una forma ovalada. En el siglo XII, Ibn Bajjah observó "dos planetas como puntos negros en la cara del Sol". Maragha Qotb al-Din Shirazi, ya en el siglo XIII, sugirió que se trataban de dos tránsitos, pero hoy en día se cree que en realidad eran manchas solares.

En la India, ya en el siglo XV, el astrónomo Nilakantha Somayaji, desarrolló un modelo planetario parcialmente heliocéntrico en el que Mercurio orbitaba alrededor del Sol, que a su vez se movía en órbita alrededor de la Tierra, similar al sistema  propuesto por Tycho Brahe a finales del siglo XVI. 

A partir de aquí el planeta comenzó a ser observado mediante telescopios.


Continúa en el artículo:  Observaciones de Mercurio con telescopio




Enlaces consultados:

http://www.astrored.net/nueveplanetas/home/spacecraft.html

http://ciencia.nasa.gov/ciencias-especiales/30apr_messenger/

https://es.wikipedia.org/wiki/MESSENGER

https://es.wikipedia.org/wiki/BepiColombo


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