jueves, 16 de junio de 2016

Los mayores monstruos del Universo

ESA
 Ayer publicamos el segundo descubrimiento de una fuente de ondas gravitatorias detectadas desde la Tierra. Pero no debemos olvidar que en el espacio, la misión LISA Pathfinder, está probando su tecnología para contribuir a este nuevo campo de la astronomía, en la que se espera poder descubrir los secretos de los objetos más monstruosos del Universo.

Una de las fuentes emisoras de ondas gravitatorias son las colisiones de agujeros negros supermasivos situados en los núcleos de las galaxias. Cuando estos monstruos, que cuentan con una masa millones de veces superior a la del Sol colisionan, se emiten ondas gravitatorias que viajan por el espacio hasta llegar a nuestro detectores. 

La importancia de estos estudios radica en lo poco que conocemos a estos monstruos espaciales. Sabemos que se encuentran en los núcleos de las galaxias, pero desconocemos qué tipo de relación guardan con ellas. ¿Qué se formó primero? ¿La galaxia o el agujero negro? Lo que sí sabemos es que su presencia posee un papel importante en la evolución de las galaxias. En algunos casos aceleran la formación estelar y en otros la frenan. La Vía Láctea posee su propio agujero negro, denominado Sagitario A*, que cuenta con 4,5 millones de veces la masa del Sol y se sitúa a 26.000 años luz de nuestra estrella.


Los agujeros negros poseen un campo gravitatorio tan fuerte que ni siquiera la luz puede escapar de ellos. En algunas galaxias está rodeado de un disco de acreción en el que se acumula la materia que atrae hacia sí. Esta materia, impulsada por la gravedad del agujero negro, gira en el disco alcanzando velocidades tan grandes en su caída que se calienta por fricción llegando a temperaturas de varios  millones de grados y  emitiendo radiación térmica en el rango visible, ultravioleta y hasta en rayos X. En algunas ocasiones, parte del material que cae hacia el núcleo de la galaxia es eyectado hacia fuera, bien en forma de fuertes vientos que salen desde el interior del disco en todas direcciones o bien en forma de dos poderosos chorros colimados despedidos en sentidos opuestos desde los polos. Cuando un agujero negro se encuentra activo puede detectarse mediante el estudio de estas emisiones. Pero los científicos creen que la mayoría de ellos se encuentran "dormidos" por lo que no podemos estudiarlos con los métodos que contábamos hasta ahora.

La búsqueda y detección de ondas gravitatorias podría ayudar a descubrir nuevos aspectos de los agujeros negros supermasivos, y quizás hasta podría ofrecer nuevas pistas sobre sus procesos de formación. 


Más información en el enlace.

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