viernes, 30 de junio de 2017

Día del Asteroide: ¡celébralo hoy!

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La ONU ha aprobado la celebración de un Día del Asteroide, a propuesta de la Asociación de Exploradores del Espacio. Aunque este día se celebra desde 2015, este año es la primera vez que la celebración es oficial.

La finalidad de este día es concienciar del peligro del impacto de un asteroide contra la Tierra y de la necesidad de avanzar en los diferentes proyectos propuestos para proteger nuestro planeta.

¿Y por qué se ha elegido como Día del Asteroide el 30 de junio? Porque precisamente fue un 30 de junio, pero del año 1908, cuando un bólido penetró en la atmósfera y detonó en el aire generando una gran destrucción en Tunguska.

El bólido, de unos 80 m de diámetro, detonó en el aire debido a que probablemente estuviese formado por compuestos helados. La explosión fue detectada por numerosas estaciones sismográficas y hasta por una estación barográfica en el Reino Unido debido a las fluctuaciones en la presión atmosférica que produjo. Incendió y derribó árboles en un área de 2.150 km², rompiendo ventanas y haciendo caer a la gente al suelo a 400 km de distancia.

La energía liberada se ha establecido, mediante el estudio del área de aniquilación, en aproximadamente 30 megatones. Si hubiese explotado sobre una zona habitada, se habría producido una masacre de enormes dimensiones. Según testimonios de la población tungus —la etnia local nómada de origen mongol dedicada al pastoreo de renos— que lo vio caer, «brillaba como el Sol». Informes del distrito de Kansk (a 600 km del impacto), describieron sucesos tales como barqueros precipitados al agua y caballos derribados por la onda de choque, mientras las casas temblaban. 

A pesar de que el impacto ocurrió en 1908, la primera expedición científica que llegó al área lo hizo 19 años después. En 1921, Leonid Kulik, el conservador principal de la colección de meteoritos del Museo de San Petersburgo condujo una expedición a Tunguska. No obstante, las duras condiciones de la zona del interior de Siberia impidieron al equipo alcanzar el área de la explosión. En 1927, una nueva expedición, liderada otra vez por Kulik, logró finalmente alcanzar la meta.

En los años siguientes hubo varias expediciones más; en 1938 Kulik realizó fotografías aéreas de la zona, lo que puso en evidencia una estructura del área de devastación en forma de «alas de mariposa». Esto indicaría que se produjeron dos explosiones sucesivas en línea recta. En los años 50 y 60 otras expediciones hallaron microlitos cristalinos muy ricos en níquel e iridio enterrados por toda la zona, lo que refuerza la teoría de que pudo tratarse de un objeto natural de origen extraterrestre. También se encontraron pequeñas partículas de magnetita.

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